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viernes, 26 de junio de 2009

La línea recta que va desde Soweto a Gaza: Obstaculizados por el apartheid

A finales de mayo de este año estuve en Israel y Palestina. Fui allí con una delegación de escritores en representación de varios continentes. Íbamos a participar en una conferencia literaria palestina. El acto inaugural estaba previsto en el Teatro Nacional Palestino de Jerusalén. Pero justo en el momento de reunirnos llegaron soldados y policías israelíes fuertemente armados y nos comunicaron que iban a impedir el acto. Les preguntamos por qué. Ésta fue su respuesta: “Son ustedes un riesgo para la seguridad”.

Por supuesto, el pretender que en aquel momento éramos una amenaza para la seguridad de Israel no tenía sentido alguno. Pero, al mismo tiempo, he de conceder que no les faltaba razón. Uno siempre es una amenaza si viene a Israel a decir lo que piensa sobre la opresión israelí contra el pueblo palestino. Desde luego, nuestra presencia allí no era menos amenazadora de lo que lo fue en su día contra el sistema de apartheid en Sudáfrica. Las palabras son siempre peligrosas.

Lo que sigue son las palabras que pronuncié cuando los organizadores del evento lograron trasladar el acto inaugural al Centro de Cultura Francesa, que nos acogió.

“Lo que ahora sucede aquí es una copia exacta del despreciable sistema de apartheid que trataba a los africanos negros como ciudadanos de segunda clase en su propia tierra. Sin embargo, no olvidemos que aquel sistema ya no existe. A principios de los años noventa la fuerza de los seres humanos le hizo morder el polvo. Hay una línea directa que une Soweto y Sharpeville con los últimos acontecimientos acaecidos en Gaza.”

Durante los tres días siguientes visitamos Hebrón, Belén, Jenin y Ramalá. Un día fuimos de paseo por las montañas con el escritor palestino Raja Shebadeh, que nos mostró la diseminación de los asentamientos israelíes a costa de tierra palestina confiscada, con destrucción de caminos y construcción de otros nuevos sólo para uso de los colonos. El acoso no tardó en llegar en los puestos de control. Ni que decir tiene que mi mujer y yo lo tuvimos mucho más fácil para poder atravesarlos. Pero las personas de la delegación que tenían pasaporte sirio o eran de origen palestino fueron mucho más vulnerables. Baja el saco del autobús, vuelve a meterlo, bájalo de nuevo...

Pero incluso el infierno hay grados. Hebrón fue el peor: en medio de una ciudad de 40.000 palestinos viven 400 colonos judíos que han confiscado una parte del centro urbano. Son brutales, no dudan en atacar a sus vecinos palestinos en cualquier momento. Cualquier cosa vale: ¿por qué no mearles la cabeza desde la ventana cuando pasan por la calle? Vimos un documental en el que, entre otras cosas, unas mujeres de los asentamientos y sus hijos se dedicaban a dar patadas y golpes a otras mujeres palestinas... sin que los militares interviniesen. Ésa es la razón por la que hay gente en Hebrón que, en nombre de la solidaridad, acompañan voluntariamente a los niños palestinos desde su casa a la escuela y de vuelta a su casa. Esos 400 colonos están protegidos veinticuatro horas al día los siete días de la semana por 1500 soldados israelíes. Cada colono está constantemente protegido por cuatro o cinco personas. Además, a los colonos se les permite llevar armas. Cuando visitamos uno de los peores cruces en Hebrón, un colono extremadamente agresivo nos filmó. Si veía cualquier signo palestino ―un brazalete o un pin― Corría inmediatamente a informar a los soldados.

Por supuesto, nada de lo que experimentamos en aquellos días podría compararse con la situación que soportan los palestinos. Nos dábamos cita con ellos en taxis y en la calle, en veladas de lectura, en universidades y en teatros. Conversábamos y escuchábamos los desmanes a los que viven sometidos.

¿Qué tiene de extraño si algunos de ellos, desesperados, deciden convertirse en kamikazes cuando no ven otra salida? Es algo normal. Lo extraño es que no haya más que tomen esa decisión.

El muro que ahora divide el país impedirá ataques futuros a corto plazo. Pero es una prueba demasiado clara de la desesperación del poder militar israelí. Al final, correrá la misma suerte que el muro que dividía Berlín.

La situación de la que fui testigo durante el viaje está muy clara: en su estado actual, Israel carece de futuro. Más aún, quienes promueven la solución de los dos Estados se equivocan.

En 1948, el año en que nací, el Estado de Israel proclamó su independencia en territorios ocupados. No existe razón alguna para afirmar que fue un acto legítimo bajo el Derecho Internacional. Simplemente ocupó territorio palestino. Y el territorio que ocupan no ha cesado de crecer, en enero de 1967 y, hoy en día, mediante los cada vez más extendidos asentamientos. De vez en cuando desmantelan uno de esos asentamientos para cubrir las apariencias. Pero de inmediato otros crecen en algún otro lugar. La solución de los dos Estados no significa que la ocupación histórica se acabará.

Israel terminará de la misma manera que la Sudáfrica del apartheid. La única cuestión que queda por dilucidar es si los israelíes serán capaces de escuchar la voz de la razón y aceptar por voluntad propia el desmantelamiento del Estado del apartheid o tendrán que aceptarlo por la fuerza.

Nadie sabe cuándo sucederá. La rebelión final llegará desde dentro. Pero si hubiese cambios políticos repentinos en Siria o Egipto, eso ayudaría.

También hay que tener en cuenta que, muy pronto, Usamérica ya no podrá costear esa horripilante máquina militar que impide que los niños crezcan en libertad y los empuja a tirar piedras.

Cuando esos cambios tengan lugar, cada israelí, varón o mujer, deberá decidir si está preparado para renunciar a sus privilegios y vivir como uno más en un Estado palestino. No fui testigo de ningún antisemitismo durante el viaje, únicamente de un odio perfectamente normal contra los ocupantes. Es vital mantenerlos separados.

La última noche teníamos la intención de clausurar el evento de la misma manera que lo empezamos en Jerusalén. Pero el teatro fue cerrado de nuevo por los militares y el acto tuvo que celebrarse en otro sitio.

El Estado de Israel sólo puede esperar la derrota, que es el destino de todos los ocupantes.

Los israelíes destrozan vidas, pero no pueden destrozar sueños. La caída de este espantoso sistema de apartheid es la única solución posible.

No se trata de saber si tendrá lugar, sino de cuándo tendrá lugar. Y de qué manera.

Fuente: Henning Mankell, Tlaxcala (Traducido por Manuel Talens)

miércoles, 3 de junio de 2009

Un estudio sudafricano afirma que Israel practica el colonialismo y el apartheid en los territorios


La política que lleva a cabo Israel en los Territorios Ocupados palestinos tiene "características propias del colonialismo" y encaja con la definición internacional de apartheid, contemplado como los "actos inhumanos perpetrados con el propósito de establecer y mantener el dominio de un grupo racial sobre cualquier otro grupo racial y su sistemática opresión", según revela un informe de la organización gubernamental sudafricana Consejo de Investigación de Ciencias Humanas (HSRC, por sus siglas en inglés), en el que participaron expertos cisjordanos e israelíes.

El texto, de 300 páginas, es el resultado del trabajo de un equipo de profesores universitarios y profesionales del Derecho Internacional de Sudáfrica, Reino Unido, Israel y Cisjordania. El documento lleva por título '¿Ocupación, colonialismo, apartheid? Una reevaluación de las prácticas de Israel en los territorios palestinos ocupados en función del Derecho Internacional' y será presentado oficialmente en una conferencia convocada por el HSRC para los días 13 y 14 de junio en Ciudad del Cabo.



El estudio es el resultado de 15 meses de investigación, consultas y revisión exhaustiva de las prácticas israelíes en los Territorios Ocupados en relación con las definiciones de colonialismo y apartheid recogidas por el Derecho Internacional.

En lo que respecta al colonialismo, los investigadores establecieron que la política y las prácticas israelíes violan la prohibición del colonialismo establecida en la década de 1960 a raíz del proceso descolonizador en África y Asia. "La política de Israel busca manifiestamente fragmentar Cisjordania y anexionar una parte a Israel, una característica propia del colonialismo", denuncia el informe.

Sistema de dominación

Israel se ha apropiado de tierra y agua en los Territorios Ocupados, ha fusionado la economía palestina con la israelí y ha impuesto un sistema de dominación sobre los palestinos para garantizar su sometimiento a estas medidas, concluye la investigación.

"Estas medidas son una negación del derecho de autodeterminación de la población originaria y es un indicio de una clara vocación de asumir la soberanía de parte de sus tierras y recursos naturales. Este tipo de anexionismo territorial es una característica del colonialismo", concluye.

Con respecto al segregacionismo o apartheid, el texto asegura que las leyes y políticas de Israel en los Territorios Ocupados encajan con la definición de apartheid establecida en la Convención Internacional para la Supresión y el Castigo del Crimen de Apartheid de 1973: "actos inhumanos perpetrados con el propósito de establecer y mantener su dominio de un grupo racial de personas sobre cualquier otro grupo racial de personas y su sistemática opresión".

Según el estudio, la ley israelí establece privilegios para los colonos judíos y discriminaciones para los palestinos que viven en el mismo territorio. Las prácticas israelíes encajan con cinco de los seis "actos inhumanos" registrados por la Convención.

Así, Israel delimita "reservas" geográficas en Cisjordania en las que es obligatorio que vivan los palestinos y que no pueden abandonar sin el permiso israelí. El sistema es similar a la política conocida como Gran Apartheid aplicada en Sudáfrica por la que los sudafricanos negros eran confinados en zonas delimitadas por el Gobierno, mientras que los blancos disfrutaban de libertad de movimiento y libertades civiles.

Tres pilares

Los tres pilares del apartheid --división racial y mayores derechos para los blancos, segregación por áreas geográficas y leyes "draconianas" de seguridad para reprimir cualquier oposición al régimen mediante detenciones, torturas, censuras y asesinatos-- se cumplen en los Territorios Ocupados, según el estudio.

El primer pilar se refleja en las leyes y políticas israelíes que establecen la identidad judía y su estatus legal superior, así como beneficios materiales para los judíos a los que no pueden acceder los no judíos. El segundo se aplica en la "política israelí de fragmentación de los Territorios Ocupados para confinar a los palestinos a reservas mientras". "Los judíos israelíes tienen prohibida la entrada en esas reservas, pero pueden circular libremente por el resto del territorio palestino", explica.

Esta política tiene como fin la apropiación de grandes porciones de tierra palestina, lo que reduce progresivamente el espacio disponible para los palestinos.

"La amputación deliberada de Jerusalén Este del resto de Cisjordania y las políticas de construcción y apropiación pretenden convertir Cisjordania en una intrincada red de asentamientos judíos bien conectados entre un archipiélago de enclaves palestinos aislados y asediados", denuncia el documento.

El tercer pilar se traduce en la "continua invocación de la seguridad por parte de Israel para legitimar restricciones a la libertad de opinión, expresión, reunión, asociación y movimiento de los palestinos que enmascara un intento de suprimir la disidencia a su sistema de dominación y mantener así el control sobre los palestinos como grupo".

El HSRC es un organismo público independiente creado por el Gobierno sudafricano que realiza estudios sobre desarrollo, Derechos Humanos y entorno social principalmente en la Comunidad de Desarrollo del África Austral (SADC). El Proyecto Oriente Medio del HSRC es un estudio de dos años para analizar las políticas relevantes para la política exterior sudafricana financiado por el Ministerio de Asuntos Exteriores del Gobierno sudafricano.