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sábado, 7 de noviembre de 2009

Israel viola derechos básicos

Las mujeres palestinas siguen sufriendo abusos y la negación de derechos humanos básicos a manos de colonos y soldados israelíes en los territorios ocupados.

Esta es una flagrante violación a las obligaciones de Israel como país signatario de la Convención de las Naciones Unidas para la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra las Mujeres (CEDAW, por sus siglas en inglés).

Según la CEDAW, la discriminación contra las mujeres representa una violación de los principios de igualdad y dignidad humana, y es considerada un obstáculo para la participación de las mujeres en igualdad de condiciones con los hombres la vida política, social, económica y cultural de su país.

La Convención obliga a todos los estados parte a adoptar las medidas apropiadas, legislativas y no legislativas, para prohibir todos los tipos de discriminación contra las mujeres. Israel ratificó la CEDAW en 1991.

El Centro de Mujeres Palestinas para Ayuda Legal y Consejería (WCLAC, por sus siglas en inglés), con sede en esta central ciudad cisjordana, divulgó el informe titulado "Propuesta a la misión de campo del comité especial para investigar las prácticas israelíes que afectan los derechos humanos del pueblo palestino y otros árabes en los territorios ocupados".

En su trabajo, el WCLAC señala que las mujeres y los niños sufren especialmente en los territorios palestinos.

"La ocupación israelí impacta en la vida de las mujeres palestinas en toda coyuntura, desde el acoso sexual y los ataques, hasta el trato discriminatorio de las prisioneras palestinas, obligadas a parir en los puestos de vigilancia israelíes", explicó a IPS Dima Nashashibi, del WCLAC.

Las mujeres palestinas han sido regularmente atacadas por colonos judíos en Cisjordania. La mayoría se quedan solas en su casa cuando los hombres salen a trabajar.

Colonos sacan a las mujeres y niños palestinos a la fuerza de sus hogares, les lanzan piedras, disparos o gases lacrimógenos, mientras los soldados de Israel miran sin hacer nada.

"No pude correr. Mi embarazo estaba demasiado avanzado y no había ningún lugar donde esconderme", dijo Amna Salma Rabaye, de 31 años, de la aldea beduina de At Tuwani, en el sur de Cisjordania.

Rabaye tenía siete meses de embarazo cuando, mientras pastaba sus ovejas, un guardia de seguridad del asentamiento ilegal judío cercano de Ma’on la atacó.

"Vimos a un grupo de colonos israelíes enmascarados armados con palos y cadenas que venían sobre nosotros. Los pastores más jóvenes corrieron y lograron escapar, dejándome a mí con las ovejas", contó a IPS.

"Para mí era físicamente imposible correr, y tampoco quería que los colonos mataran o robaran mis ovejas. El guardia de seguridad me empujó", agregó. Afortunadamente, Rabaye no perdió a su bebé.

Dar a luz en los territorios ocupados puede llegar a ser tan mortal como jugar a la ruleta rusa. "Continuamente tenemos casos de mujeres palestinas obligadas a parir en puestos de control israelíes", señalo Mutasem Awad, de la Sociedad de la Media Luna Roja Palestina en Ramallah.

"A veces las mujeres no tienen los permisos israelíes necesarios para pasar, y otras veces son demoradas durante horas, provocando la muerte de los recién nacidos", dijo Awad a IPS.

Aun cuando las mujeres lleguen a los centros de salud locales, los médicos no siempre son capaces de darles la atención necesaria debido a las severas limitaciones al movimiento de personas en los territorios ocupados.

Los más de 600 puestos de vigilancia israelíes, que paralizan el tránsito de palestinos en Cisjordania, han afectado también a las estudiantes.

Estas jóvenes, en mayor número que los hombres, prefieren quedarse en sus casas para evitar ser acosadas, humilladas o atacadas en puestos de control.

Mujeres y niños en Jerusalén oriental también han sido sometidos a desalojos y ataques por parte de las fuerzas de seguridad israelíes y colonos judíos, que los amenazan con violencia sexual.

"Mi hija fue atacada por soldados y policías israelíes cuando nos desalojaron de nuestras casas y nos lanzaron a la calle", contó Nadia Hanoun a IPS.

Los Hanoun, y varias otras familias palestinas, han sido obligadas a vivir en tiendas de campaña fuera de sus hogares en Jerusalén oriental para hacer lugar a las colonias judías.

Según la CEDAW, es responsabilidad del Estado y de las fuerzas de ocupación israelíes prevenir y castigar ese tipo de actos de violencia, así como ordenar reparaciones a las víctimas. Nada de esto se ha hecho.

CRÍTICO INFORME

El informe elaborado por el WCLAC señala que las mujeres y los niños son los que más sufren por la ocupación.

"Debido a las presiones sobre la sociedad palestina para resolver las problemas humanitarios más inmediatos causados por el conflicto, las necesidades de las mujeres son ignoradas o menospreciadas", indica el trabajo.

"Esto ocurre cuando la ausencia de sus maridos, debido a una prisión prolongada, muchas veces sin juicio, y/o por asesinatos extrajudiciales, las obliga a tener más responsabilidades en sus casas y para sus familias", añade.

"Las mujeres y los niños también constituyen la mayor proporción de refugiados y de desplazados debido a un desproporcionado uso de la fuerza y la destrucción gratuita de propiedad para alcanzar objetivos políticos", indica.

Las prisioneras palestinas son también discriminadas. Según el WCLAC, estas son amenazadas con violaciones, sometidas a torturas e interrogatorios brutales y víctimas de juicios injustos, a diferencia de sus pares israelíes.

También se les administra mala comida y son encarceladas en celdas sin higiene, donde se les niega atención especial durante la menstruación. A las que tienen hijos pequeños por lo general se les prohíben las visitas.

IPS

viernes, 26 de junio de 2009

¿Tiene Israel realmente derecho a existir?


Después del totalmente previsible discurso de Netanyahu, los políticos y periodistas, como autómatas insensatos, han empezado a repetir el cansado mantra israelí de que los palestinos deben reconocer el derecho de Israel a existir. No importa el hecho que la OLP y la Autoridad Palestina se hayan plegado a esta ridícula exigencia, no sólo una, sino cuatro veces. Y no importa que Israel haya negado siempre el derecho de Palestina a existir, no sólo como nación, sino como personas que aspiramos a una vida digna en nuestra tierra natal.

¿A alguien le parece interesante que Israel sea el único país del planeta que va con esta cantinela insistente de que todo el mundo le reconozca su derecho a existir? Dado que nosotros, los palestinos, somos los desposeídos, ocupados y oprimidos, uno podría esperar que fuésemos nosotros quienes tuviéramos que hacer semejante demanda. Pero no es el caso. ¿Por qué? Porque nuestro derecho a existir como nación está claro como el agua. ¡Nosotros somos los nativos de esta tierra! Sabemos que tenemos este derecho. El mundo lo sabe. Por eso, Palestina no necesita que Israel ni ningún otro país reconozcan su derecho a existir. Somos los herederos legítimos de este territorio y se puede comprobar legal, histórica, cultural, e incluso genéticamente. Y como tal, la única legitimidad que Israel puede llegar a tener debe venir de que nosotros renunciemos a nuestra herencia, a nuestra historia y a nuestra cultura para dárselas a él. Por eso Israel insiste en que nosotros declaremos que tiene derecho a apropiarse de lo que siempre fue nuestro, desde casas, propiedades, cementerios, iglesias y mezquitas, hasta cultura, historia y esperanza.

Israel es un país que se fundó por europeos que vinieron a Palestina, en forma de bandas terroristas, que emprendieron una limpieza étnica sistemática de los palestinos nativos de sus hogares en el 78% de la Palestina histórica en 1948. Dichos palestinos y sus descendientes todavía languidecen en campos de refugiados. Israel intentó repetir la hazaña en 1967, cuando conquistó lo que quedaba de Palestina, pero entonces no pudo desalojar a los campesinos de sus hogares tan fácilmente. Esto sigue siendo cierto a pesar de los 40 años de violenta y opresiva ocupación militar de Israel en Cisjordania y Gaza. A pesar de las demoliciones de viviendas, confiscaciones de tierra, la construcción rapaz de colonias sólo para judíos, un sinfín de puestos de control militar, asesinatos extrajudiciales, bombardeos de escuelas, hospitales, centros comerciales y edificios municipales, asedios y negativas; a pesar de las violaciones masivas de los derechos humanos, arrestos y torturas de hombres, mujeres y niños indistintamente , la separación de familias, las humillaciones diarias; a pesar de las matanzas masivas, los palestinos seguimos aquí. Todavía resistimos. Todavía vivimos, amamos y tenemos hijos. En tanto nos es posible, reconstruimos lo que destruye Israel. ¡Éstos son derechos!

Los derechos son inherentes e intrínsecos, como el derecho a vivir con dignidad y ser dueños del propio destino. Un derecho humano es que no se persiga y se oprima a las personas por el hecho de pertenecer a una religión y no a otra. Que los israelíes simplemente se apropien de lo que pertenece a los palestinos no es un derecho. Es un robo. Que Israel corte la entrada de alimentos, medicinas y otros artículos básicos a la Franja de Gaza, causando desnutrición masiva, miseria y el desplome económico porque los palestinos eligieron a determinados líderes, no es un derecho. Es una afrenta a la humanidad. Que Israel vierta la muerte desde el cielo sobre la ya maltratada y hambrienta Gaza, asesinando a más de 3.000 seres humanos y mutilando a miles más en un solo mes, no es un derecho. Es un crimen de guerra. Que Israel haya empleado todos los métodos imperialistas para subyugar, humillar, quebrar y expulsar a toda una nación, compuesta principalmente por civiles desarmados, a causa de su religión, no es un derecho. Es una obscenidad moral. Que a cualquier judío de Europa, África, Asia, América y Australia se le permita la doble nacionalidad, una en su país nativo y otra en Israel, mientras los legítimos herederos se consumen como refugiados sin ciudadanía de ningún sitio no es un derecho. Es un insulto.

Estoy segura de que mis palabras se tergiversarán de alguna manera para dar a entender que abogo por arrojar a los israelíes «a la mar» o alguna otra estúpida afirmación. Por lo tanto, permítanme que me explique: Todos tenemos derecho a existir, a vivir, a ser dueños de nuestro destino y a no ser oprimidos por otros. Estos derechos son inherentes a todas las personas que viven en esta tierra: judíos, musulmanes o cristianos. Pero los israelíes no tienen derecho a crear determinadas demografías religiosas para originar la desaparición de los nativos. Ser un Estado judío [o musulmán o cristiano], donde los privilegios los acuerdan los que pertenecen a una religión determinada en detrimento de quienes no pertenecen a ella, no es un derecho.

Una nación que discrimina y oprime a quienes no pertenecen al grupo religioso, racial o étnico determinado no es una «luz de las naciones». Es una plaga. Y reconocer ese racismo como un derecho humano o nacional va contra todos los principios del derecho internacional. Desafía el sentido básico de que el valor de un ser humano no se debe medir por su religión más de lo que debe medirse por el color de su piel o por el idioma que habla.

Susan Abulhawa, traducido por Carlos Sanchis, revisado Caty R